Exfuncionarios de la OMS a la comunidad sanitaria mundial: La reducción de daños funciona.

Tres exfuncionarios de la OMS han publicado un Comentario en Nature Health Hacen un llamado a la comunidad sanitaria mundial para que integre formalmente la reducción de daños del tabaco en las políticas internacionales de control del tabaco. Los autores, Robert Beaglehole, Ruth Bonita y Tikki Pang, dedicaron sus carreras a construir la estructura global del control del tabaco. Cuando personas con esa trayectoria afirman que el enfoque actual está fracasando y que las alternativas menos dañinas forman parte de la solución, su opinión es relevante.

Su argumento central es sencillo. Fumar sigue matando a más de siete millones de personas cada año. El objetivo de la OMS de reducir el consumo de tabaco en 301 TP4T para 2025 no se está cumpliendo. Tampoco lo está el Objetivo de Desarrollo Sostenible de reducir la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles en un tercio para 2030. El progreso se ha estancado, y los autores explican claramente el motivo: los enfoques actuales no logran reducir las tasas de tabaquismo con la suficiente rapidez, especialmente entre los fumadores mayores y más dependientes que ya han intentado dejar de fumar varias veces sin éxito.

Los autores también abordan con franqueza un problema que se ha infiltrado en los debates sobre el control del tabaco. En algunos círculos políticos, el objetivo ha cambiado discretamente: de eliminar el tabaco combustible a eliminar la nicotina por completo. El artículo refuta esta idea. Décadas de evidencia demuestran que es la exposición al humo de la combustión, y no la nicotina, la que provoca las enfermedades relacionadas con el tabaco. Confundir ambos factores no protege la salud pública, sino que la obstaculiza.

La solución que proponen los autores no se aparta del control del tabaco existente, sino que lo complementa. Abogan por un objetivo global de espacios libres de humo para 2040, definido como una prevalencia diaria de tabaquismo en adultos inferior al 51% para ese año, que se lograría combinando las medidas establecidas en el marco del Convenio Marco para el Control del Tabaco con un mayor acceso a alternativas de nicotina reguladas y sin humo. Es fundamental destacar que la reducción de daños no es una idea nueva importada desde fuera del marco del CMCT. Ya está explícitamente reconocida en el artículo 1(d) del CMCT como un componente del control integral del tabaco, junto con las estrategias de reducción de la oferta y la demanda. Simplemente se ha ignorado en la práctica.

Las pruebas que presentan son las mismas que los defensores de la reducción de daños llevan años citando. Suecia tiene la tasa de tabaquismo más baja de Europa y una tasa de cáncer de pulmón inferior a la mitad de la media de la UE, gracias a décadas de acceso al snus y a las bolsitas de nicotina. Japón experimentó una caída sin precedentes en las ventas de cigarrillos tras la amplia disponibilidad de productos de tabaco calentado. Nueva Zelanda aceleró drásticamente su descenso del tabaquismo después de 2018, cuando se expandió el acceso a productos de vapeo regulados, con las mayores reducciones entre los maoríes y otros grupos históricamente desfavorecidos.

Respecto a la juventud, los autores son específicos. En Nueva Zelanda, el vapeo regular entre quienes nunca han fumado es poco común, la experimentación ha disminuido en los últimos años y la prevalencia del tabaquismo juvenil ronda actualmente el 11% de los jóvenes. La preocupación por el vapeo como puerta de entrada al tabaquismo, es decir, la idea de que lleva a los jóvenes a fumar, no está respaldada por datos poblacionales. Una sólida protección para los jóvenes y alternativas accesibles para los fumadores adultos no son incompatibles.

Quizás la sección más incisiva del comentario aborda la falta de alineación regulatoria. Los cigarrillos siguen estando ampliamente disponibles con restricciones relativamente leves en muchos mercados, mientras que las alternativas menos dañinas enfrentan mayores cargas regulatorias, prohibiciones de sabores y, en algunos casos, prohibición total. Los autores describen esta situación como una falta de alineación que corre el riesgo de proteger los productos más peligrosos al tiempo que limita el acceso a sustitutos menos dañinos. Un marco proporcional al riesgo haría lo contrario: aplicar las restricciones más estrictas al tabaco combustible y regular las alternativas en función de su riesgo real.

Estas conclusiones provienen de personas que participaron en el diseño del sistema mundial de control del tabaco y que no tienen ningún interés comercial en los resultados. Su conclusión es que el sistema necesita actualizarse para incluir la reducción de daños, y que no hacerlo costará vidas.

La OMS se ha resistido a esta postura. En sus reuniones en el marco del Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT), no ha abordado con la seriedad necesaria la evidencia sobre alternativas menos dañinas. Esta resistencia tiene consecuencias. Cada año que la OMS demora su decisión, más fumadores que podrían haber cambiado de hábito no lo hacen. El comentario publicado en Nature Health representa un desafío directo a esta postura, proveniente de personas a las que la OMS no puede ignorar fácilmente.

Las pruebas están ahí. Los ejemplos reales están ahí. Lo que los autores señalan como faltante es voluntad política. Esa es la conclusión honesta, y es una que la comunidad de salud global debería considerar. 

El artículo completo se puede encontrar aquí.

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