El proyecto de ley de control del tabaco de Kenia debe basarse en la ciencia, no en el miedo.

Mientras el Parlamento examina el proyecto de ley de enmienda para el control del tabaco, Kenia se enfrenta a una decisión importante. ¿Deben regularse los productos de nicotina basándose en evidencia científica, o deben seguir considerándose todos los productos igualmente dañinos, independientemente de su nivel de riesgo?

La reciente decisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) ofrece una lección importante. Tras una rigurosa revisión científica, la FDA autorizó las afirmaciones de marketing sobre la reducción de riesgos para ciertas bolsitas de nicotina, concluyendo que los fumadores adultos que dejan de fumar por completo pueden reducir significativamente su riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el tabaquismo.

La diferencia fundamental es sencilla. Es la combustión del tabaco, no la nicotina en sí, la causa de la inmensa mayoría de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Las alternativas sin humo eliminan la combustión y exponen a los usuarios a muchas menos sustancias químicas tóxicas que los cigarrillos.

Lamentablemente, el proyecto de ley de enmienda para el control del tabaco no reconoce adecuadamente esta diferencia. Medidas como la prohibición de sabores y las restricciones a la comunicación de información científicamente verificada sobre productos de riesgo reducido podrían disuadir a los fumadores adultos de dejar de fumar cigarrillos convencionales.

Se estima que Kenia pierde a 12.000 personas cada año a causa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Por lo tanto, toda política antitabaco debería evaluarse con una simple pregunta: ¿Reducirá el consumo de cigarrillos?

Un marco regulatorio moderno debe proteger a los jóvenes mediante una estricta verificación de edad, estándares de producto y una comercialización responsable. Asimismo, debe reconocer que los productos con riesgos para la salud sustancialmente menores no deben regularse de la misma manera que los cigarrillos convencionales.

Los consumidores merecen información precisa. Si la evidencia científica independiente demuestra que un producto es significativamente menos dañino que otro, los organismos reguladores deberían permitir una comunicación veraz y basada en la evidencia, en lugar de reprimirla.

Kenia tiene la oportunidad de convertirse en líder en la regulación del tabaco basada en la evidencia en toda África. En lugar de adoptar políticas que ignoren el creciente consenso científico, el Parlamento debería garantizar que el proyecto de ley de enmienda sobre el control del tabaco refleje el principio de una regulación proporcional basada en el riesgo.

El objetivo del control del tabaco no es simplemente regular la nicotina, sino reducir las enfermedades y salvar vidas.

La ciencia, no el miedo, debe guiarnos.

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