El consumo de tabaco continúa siendo uno de los principales factores prevenibles asociados a enfermedades cardiovasculares en Europa. Diversos estudios han vinculado el uso de cigarrillos con un mayor riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y patologías vasculares periféricas, principalmente debido a los compuestos tóxicos generados por la combustión del tabaco.
En este contexto, la Comisión Europea presentó recientemente el denominado Plan de Corazones Seguros, una estrategia orientada a reducir la carga de enfermedades cardiovasculares en los Estados miembros. El documento plantea una serie de medidas centradas en la prevención y en la reducción del consumo de productos relacionados con el tabaco y la nicotina.
No obstante, organizaciones y analistas especializados en control del tabaco han señalado que el plan no diferencia de forma clara entre los cigarrillos combustibles y los productos alternativos de nicotina, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado, el snus o las bolsas de nicotina. Según estos expertos, esta aproximación omite el enfoque de reducción de daños, utilizado en algunos países europeos.
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