Se ha demostrado que vapear es menos dañino que fumar y ha sido avalado por múltiples organismos internacionales de salud como una alternativa más segura. Si bien algunos críticos argumentan que vapear es una puerta de entrada al tabaco, la realidad es la contraria. Vapear es una puerta de entrada al tabaco y millones de adultos lo han utilizado para reducir los riesgos para la salud asociados al consumo de tabaco.
La naturaleza innovadora del vapeo ha contribuido a su éxito y le ha permitido ganar rápidamente popularidad entre los fumadores. Al mismo tiempo, al ser una tecnología novedosa, también ha generado sospechas y ha sido objeto de críticas en muchos países. Ejemplos actuales son las estrictas restricciones de marca y marketing en Alemania y la prohibición de sabores líquidos en los Países Bajos y California. Si bien su objetivo era proteger al público, especialmente a los jóvenes, estas restricciones han bloqueado el acceso de los adultos a los productos de vapeo, impidiendo así que muchos fumadores mejoren su bienestar dejando de fumar y vapeando.
A pesar de su potencial para salvar vidas, los cigarrillos electrónicos han sido objeto de un amplio análisis por su eficacia para ayudar a las personas a dejar de fumar. Algunos estudios recientes han descubierto que quienes vapean podrían ser más propensos a empezar a fumar. Naturalmente, estas afirmaciones han impulsado un debate más amplio sobre la esencia del vapeo y si contribuye a la abstinencia del tabaco después de un tiempo o si sirve como puerta de entrada al tabaquismo convencional.
Esta nota de política tiene como objetivo proporcionar un conjunto completo de argumentos sobre por qué vapear es una puerta de entrada para dejar de fumar y no un camino para volver a fumar.