Buenos Aires, 4 de mayo de 2026 – Argentina ha dado un paso importante al levantar la prohibición de los cigarrillos electrónicos, vigente desde 2011, e introducir un marco regulatorio para los productos alternativos de nicotina. resolución La orden emitida por el Ministerio de Salud crea una vía legal para la importación y venta en el país de cigarrillos electrónicos, bolsitas de nicotina y productos de tabaco calentado, lo que supone un importante paso adelante respecto a la prohibición total.
La Alianza Mundial de Vapeadores impulsó este cambio a través de campañas como: Vapeo Responsable, Recopilando más de 10.000 firmas en una petición y dialogando directamente con los responsables políticos para impulsar un enfoque más inteligente y proporcionado en materia de regulación.
“Este es un hito importante para los fumadores adultos en Argentina, quienes ahora tienen acceso a alternativas reguladas y menos dañinas que los cigarrillos. Los políticos escucharon y finalmente reconocieron que la prohibición no es la solución”, dijo Alberto Gómez Hernández, gerente de políticas de la Alianza Mundial de Vapeadores.
Sin embargo, la resolución introduce medidas excesivamente restrictivas que limitan el potencial de estos productos para la salud pública. Se prohíben los sabores en todas las categorías, los vaporizadores desechables siguen prohibidos y se limita la concentración de nicotina tanto para los líquidos electrónicos como para las bolsitas de nicotina.
“Argentina merece reconocimiento por levantar la prohibición de los cigarrillos electrónicos y avanzar hacia una regulación basada en el riesgo, pero este es solo el primer paso. Un marco regulatorio verdaderamente eficaz debería eliminar las restricciones innecesarias sobre los límites de nicotina y permitir que los productos con sabor y desechables maximicen el número de fumadores que cambian a cigarrillos electrónicos”, agregó Gómez Hernández.
Argentina está logrando avances importantes, pero el trabajo no ha terminado: si el objetivo es reducir el tabaquismo, la regulación debe ser proporcional al riesgo, manteniendo los cigarrillos combustibles como objetivo principal y asegurando que las alternativas de menor riesgo se regulen de manera que ayuden a los fumadores adultos a cambiar de producto.