Brasil podría finalmente estar listo para hablar sobre la regulación del vapeo

Durante años, Brasil ha aplicado un enfoque simple al vapeo: prohibirlo y seguir adelante. Sin una distinción real entre productos, sin un debate serio sobre la regulación, solo una prohibición total que, en la práctica, no ha frenado su uso en absoluto.

Ahora ese enfoque está siendo cuestionado.

El Ministerio Público Federal de Brasil (MPF) presentó una acción civil pública que podría sustituir la prohibición general de los cigarrillos electrónicos en el país por un marco regulatorio estricto. Y lo sorprendente no es sólo la medida legal en sí, sino la lógica que hay detrás de ella.

Un raro momento de honestidad en la política de salud pública

El MPF reconoce abiertamente algo que a menudo se ignora en estos debates: prohibir un producto no lo hace desaparecer. Según los fiscales, la prohibición crea una falsa sensación de seguridad mientras alimentan los mercados ilegales y las redes de contrabando.

A estudio de la Universidad de São Paulo La USP muestra que Brasil pierde R$13.7 mil millones en ingresos fiscales cada año debido al comercio ilegal de vapeadores y cigarrillos falsificados. La falta de regulación impulsa el mercado negro, generando R$7.81 mil millones en ventas no gravadas.

Esto es importante porque cuando los productos se comercializan clandestinamente, no existen estándares de calidad, protección al consumidor, información fiable ni supervisión real. La gente sigue usándolos, pero sin normas, control de calidad ni verificación de edad.

Eso es exactamente lo opuesto a proteger la salud pública.

Regulación no significa permisividad

Lo que se propone no es una situación descontrolada. Todo lo contrario.

El MPF exige un modelo regulatorio con normas claras y estrictas: registro obligatorio de productos, límites en los niveles de nicotina, advertencias sanitarias explícitas en los envases y la prohibición total de la publicidad dirigida a niños y adolescentes. La acción también exige transparencia, incluyendo datos detallados sobre el consumo y un plazo definido para su implementación.

Reconocer la realidad y responder con control, cumplimiento y rendición de cuentas: así es una regulación seria, y ese es el enfoque que Brasil debería haber tenido durante los últimos años.

Por qué este debate es importante ahora

El enfoque actual no ha reducido la demanda; de hecho, la ha aumentado, y el número de usuarios pasó de 500.000 en 2018 a más de 2,8 millones en 2023. Simplemente entregó el mercado a la ilegalidad. 

Un marco regulado, por otro lado, crea las condiciones para la supervisión, la protección del consumidor y la formulación de políticas basadas en la evidencia. Claro que esta acción legal no lo resuelve todo de la noche a la mañana. Pero abre la puerta a un diálogo más honesto y maduro sobre cómo deberían funcionar realmente las políticas de salud pública.

Se debe priorizar la evidencia

La salud pública funciona mejor cuando se basa en hechos. Brasil ahora tiene la oportunidad de alejarse de las prohibiciones simbólicas y adoptar un enfoque regulatorio que reconozca la complejidad, priorice la seguridad y asuma la responsabilidad de los resultados en el mundo real.

Queda por ver si los responsables políticos están preparados para dar ese paso. Pero por primera vez en mucho tiempo, la conversación finalmente avanza en la dirección correcta.

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