Las últimas cifras de Nueva Zelanda sobre el vapeo juvenil merecen mucha más atención global de la que están recibiendo. Según el nuevo... Acción sobre el tabaquismo y la salud Según una encuesta realizada a más de 30,000 estudiantes de décimo grado, el vapeo juvenil se ha reducido a la mitad desde su pico en 2021. El consumo mensual, que antes superaba los 20%, ha disminuido significativamente, y el vapeo diario se sitúa ahora en 7.1%. Menos de un tercio de los adolescentes afirma haber probado alguna vez un vapeo. Al mismo tiempo, el tabaquismo juvenil prácticamente ha desaparecido, situándose en torno a los 1%. Un logro extraordinario para la salud pública.
Lo que hace que esto sea especialmente importante es cómo Nueva Zelanda lo logró. El país no recurrió a la prohibición, tácticas intimidatorias ni políticas que incitaran a los adultos a volver a fumar. En cambio, adoptó un marco regulatorio equilibrado: una estricta aplicación de la edad de venta para proteger a los menores, normas claras sobre los productos y acceso continuo para los adultos que buscan alternativas mucho menos dañinas. Además, avanzan con paso firme hacia convertirse en una nación libre de humo para adultos. Esta es una clara victoria para la reducción de daños del tabaco.
La percepción social también está cambiando, y como señaló el profesor Robert Beaglehole: “Este es un gran éxito mundial que deberíamos celebrar... estamos marcando la pauta”, afirmó. “El tabaquismo juvenil prácticamente ha desaparecido, y el vapeo sigue disminuyendo”.”
Por supuesto, aún existen desafíos que abordar, especialmente para los jóvenes maoríes, cuyas tasas de vapeo diario siguen siendo superiores a la media nacional, lo que pone de relieve las desigualdades sociales que requieren soluciones más amplias y a largo plazo. Pero incluso con estos matices, el resultado general es clarísimo: Nueva Zelanda está demostrando que es posible proteger a los jóvenes y, al mismo tiempo, apoyar estrategias de reducción de daños para los adultos.
Para quienes trabajamos con ciencia, políticas y comunicación pública, este es un valioso recordatorio de que la evidencia debe guiar el debate en todas partes. Y cuando las regulaciones son proporcionadas y se basan en hechos, no en el miedo, el progreso se produce y continúa.
Mientras países de todo el mundo siguen luchando contra la creciente desinformación y debates cada vez más polarizados, el ejemplo de Nueva Zelanda ofrece un contrapunto crucial. Y si usted es activista, responsable de políticas o comunicador en materia de reducción de daños, debería Hablando de Nueva Zelanda. Su modelo demuestra que proteger a los jóvenes y empoderar a los adultos no son objetivos opuestos. Pueden coexistir, y cuando lo hacen, los resultados hablan por sí solos.