La semana pasada, se celebró en Ginebra la COP11, la conferencia insignia de la Organización Mundial de la Salud para el control del tabaco. Se suponía que sería un momento decisivo en la campaña mundial contra la nicotina. Sin embargo, se convirtió en un momento decisivo.
En lugar de consolidar el apoyo mundial a la prohibición del vapeo y otros productos de riesgo reducido, la OMS se topó con una creciente resistencia. Un grupo diverso de países, entre ellos San Cristóbal y Nieves, Nueva Zelanda, Serbia, Mozambique y Gambia, se alzaron y exigieron un cambio: de las restricciones ideológicas a una regulación flexible y basada en la evidencia que respete las realidades nacionales.
Durante años, la OMS y su red de ONG respaldadas por donantes han luchado para presentar la reducción de daños como una amenaza en lugar de una solución. A pesar de la abrumadora evidencia de países como Suecia, donde las tasas de tabaquismo son inferiores a 6% gracias a productos como el vapeo y las bolsitas de nicotina, la OMS redobló su mensaje de solo abstinencia.
Pero este año, la narrativa se quebró. En lugar de impulsar las recomendaciones de prohibición como se esperaba, la COP11 concluyó con un lenguaje diluido y no vinculante. Todas las medidas relacionadas con el vapeo y productos similares se pospusieron hasta la próxima reunión dentro de dos años debido a la resistencia de estos países.
San Cristóbal y Nieves se erigió como una de las voces principales, emitiendo una de las declaraciones más contundentes de la semana, en la que exigía que la reducción de daños se reconociera como una estrategia legítima de salud pública e instaba a los delegados a diferenciar la ciencia de la ideología. Su llamado tuvo una amplia repercusión y obtuvo el apoyo de todas las delegaciones.
Este cambio es importante para Trinidad y Tobago, que actualmente está reevaluando su propio enfoque para regular las alternativas a la nicotina menos dañinas. El país ahora tiene la oportunidad de priorizar la ciencia sobre el miedo y liderar al Caribe hacia una nueva era de salud pública, junto con San Cristóbal y Nieves.
Lecciones para Trinidad y Tobago
Miles de trinitenses aún fuman, y los cigarrillos siguen cobrándose vidas. El auge del vapeo y otras alternativas menos dañinas ofrece una oportunidad real para cambiar esta situación, pero solo si se regulan proporcionalmente a sus perfiles de riesgo relativos.
El ministro de Salud, Terrence Deyalsingh, reconoció recientemente la necesidad de actualizar la legislación y se comprometió a iniciar una fase de recopilación de datos sobre los productos de nicotina. Este es un buen primer paso, pero debe ir más allá. El gobierno debe reconocer los datos científicos que demuestran que el vapeo, las bolsitas de nicotina y los productos de tabaco calentados son mucho menos dañinos que fumar. Por consiguiente, estos productos requieren regulaciones específicas y no deben tratarse como cigarrillos. La reducción de los daños debería traducirse en impuestos más bajos y normas más proporcionadas.
Una de las lecciones más contundentes de la COP11 es que los países caribeños no necesitan seguir el guion escrito en Ginebra. San Cristóbal y Nieves demostró que las naciones pequeñas pueden hablar con valentía y hacerse oír. Trinidad y Tobago debería unirse a ellos.
Juntos, la región puede impulsar un marco que apoye a los fumadores en la transición a alternativas menos dañinas, reduzca las desigualdades en salud y promueva la transparencia en la formulación de políticas de salud pública. No podemos permitirnos desaprovechar esta oportunidad.
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