La reducción de daños del tabaco (RDH) ha generado importantes avances en materia de salud pública en varios países, demostrando que las alternativas reguladas a la nicotina pueden reducir drásticamente las tasas de tabaquismo sin exigir una abstinencia drástica. Suecia se convirtió en el... la primera nación “libre de humo” del mundo (prevalencia de tabaquismo inferior a 5%) en gran medida debido al uso generalizado de bolsas de nicotina. El Reino Unido respalda el vapeo como una herramienta para dejar de fumar con respaldo científico, incluso Distribuyendo kits de vapeo gratuitos a través del Servicio Nacional de Salud para ayudar a los fumadores a dejar el tabaco por completo. Nueva Zelanda impulsó una revolución equitativa del vapeo con su Datos sobre el vapeo sitio web y comunicación pragmática, mientras que Japón ventas de cigarrillos reducidas a la mitad en menos de una década, al permitir productos que calientan sin quemar, que liberan nicotina sin combustión.
Ahora, Canadá está emergiendo como la última historia de éxito, mostrando cómo un mercado de vapeo legal regulado acelera tasas de tabaquismo históricamente bajas y al mismo tiempo protege a los jóvenes.
De 29% a 13%: El tabaquismo está en declive
Canadá combina medidas estrictas contra el tabaquismo con el acceso legal al vapeo como herramienta de reducción de daños, lo que produce resultados concretos. Salud Canadá últimos informes demostrar que esta estrategia está dando resultados en cifras concretas, manteniendo al mismo tiempo una cautelosa mirada sobre los jóvenes y los no fumadores.
En 2001, casi 3 de cada 10 canadienses fumaban. Para 2024, esa cifra se había reducido a aproximadamente 13%, y Canadá proyecta que el tabaquismo alcance aproximadamente 5,1% para 2035, según su Estrategia Nacional contra el Tabaco. El objetivo final es explícito: reducir la prevalencia del tabaquismo por debajo de 5%, relegando así el consumo de cigarrillos.
Este progreso va más allá de prohibiciones, impuestos y advertencias: es una historia sobre cómo ofrecer a los fumadores una salida que no exige la abstinencia de la nicotina.
Vapear como rampa de salida
Health Canada reconoce abiertamente que los productos de vapeo legales han contribuido a tasas de tabaquismo históricamente bajas, describiéndolos como una alternativa menos dañina, aunque no exenta de riesgos, para los fumadores adultos. Cabe destacar que aproximadamente el 21% de los canadienses que dejaron de fumar en 2024 informaron haber usado cigarrillos electrónicos para facilitar su transición hacia el tabaco.
De la evidencia destacada por Salud Canadá surgen dos puntos clave:
- Vapear a diario o con frecuencia se asocia con un mayor éxito para dejar de fumar.
- Los beneficios son mayores cuando el vapeo reemplaza, en lugar de simplemente complementar, a los cigarrillos, por lo que el “uso dual” sigue siendo una preocupación.
En términos sencillos: vapear parece funcionar mejor como una vía de escape del hábito de fumar, no como una puerta de entrada al hábito de fumar.
El vapeo entre los jóvenes está disminuyendo
Los críticos suelen argumentar que permitir el vapeo sacrifica inevitablemente a una generación de jóvenes. Los datos recientes de Canadá presentan una visión más matizada. Tras un pico en 2019, el vapeo juvenil está disminuyendo drásticamente: las cifras de 2025 muestran una disminución de casi el 50% en el consumo de 30 días entre jóvenes de 12 a 17 años desde entonces.
Lo más importante es que esta disminución se produce en un contexto donde los productos de vapeo están regulados, pero son fácilmente disponibles. En otras palabras, Canadá demuestra que es posible mantener el vapeo como una opción para los fumadores adultos y, al mismo tiempo, reducir su consumo entre los jóvenes mediante una regulación específica, en lugar de prohibiciones generalizadas que empujan los productos al mercado negro.
La reducción de daños no es un pase libre
La postura de Health Canada no es "pro-vapeo", sino más bien pro-reducción de daños. Para los fumadores adultos que no pueden o no quieren dejar la nicotina, se recomienda cambiar completamente al vapeo como una forma de reducir el daño en comparación con seguir fumando. Para los no fumadores y los jóvenes, el consejo es claro: no vapear.
Se reconoce que los productos de vapeo tienen menor toxicidad que los cigarrillos tradicionales, pero las autoridades son explícitas al señalar que aún se están estudiando los riesgos a largo plazo y que vapear no es absolutamente seguro. El objetivo es reducir el riesgo, no eliminarlo.
Para los responsables políticos que observan desde el extranjero, la experiencia de Canadá ofrece lecciones prácticas. En primer lugar, visibilizar el problema estableciendo un objetivo claro que centre la atención en la combustión como el verdadero enemigo, no en la nicotina en todas sus formas. En segundo lugar, regular las alternativas menos dañinas, ya que un mercado legal y de calidad controlada del vapeo puede acelerar la disminución del tabaquismo y, al mismo tiempo, proteger a los jóvenes. Y, en tercer lugar, comunicar los riesgos con matices.
Los últimos datos de Canadá refuerzan que una regulación pragmática, y no prohibiciones moralizantes, ofrece la vía más rápida hacia un futuro sin humo. Otros países deberían seguir su ejemplo.