El debate sobre la regulación del vapeo se está calentando en América Latina.
Chile dio un paso crucial al establecer Normas para la comercialización de cigarrillos electrónicos, pero Brasil sigue estancado en una prohibición que sólo fortalece el mercado ilegal.
¿El resultado? Millones de consumidores están expuestos a riesgos innecesarios y a un creciente problema de salud pública y económico.
Chile avanza, Brasil se queda atrás
El 19 de febrero de 2025, Chile publicó un decreto que regula oficialmente el vapeo. Esto implica normas claras sobre la composición del producto, las advertencias en el empaque y las restricciones para menores. Con esta decisión, el país se suma a países vecinos como Perú, Paraguay y Colombia, que ya se han dado cuenta de que la prohibición no soluciona nada.
La lógica detrás de esta regulación es simple y muy efectiva: ofrecer a los fumadores adultos una alternativa más segura, reduciendo así los daños causados por el tabaco. Al fin y al cabo, cada vez más estudios demuestran que el vapeo es una herramienta eficaz para quienes desean dejar los cigarrillos tradicionales.
Mientras tanto, Brasil, el país más poblado del continente, avanza en la dirección totalmente opuesta.
Brasil: 16 años de prohibición y un mercado ilegal en auge
Desde 2009, Anvisa ha Prohibida la comercialización de cigarrillos electrónicos en Brasil. Pero seamos realistas: ¿alguien ha dejado de vapear por esto? Claro que no. En la práctica, esta prohibición solo ha empujado a millones de consumidores al mercado ilegal.
Hoy en día, se estima que al menos 3 millones de brasileños usan regularmente cigarrillos electrónicos, Mientras que otros 6 millones los han probado. Sin embargo, estos productos provienen de fuentes clandestinas sin ningún control de calidad, lo que pone en riesgo a los usuarios y les impide acceder a información fiable sobre lo que consumen.
Aunque más de 80 países ya han regulado el vapeo, Brasil sigue fingiendo que el problema no existe. Los vapeadores se ven obligados a recurrir a productos no regulados, la mayoría de los cuales son de baja calidad, falsificados y diseñados deliberadamente para atraer a las generaciones más jóvenes, manipulando a los consumidores y generando aún más ganancias para los contrabandistas.
Sin ninguna supervisión ni control de calidad, muchas personas enferman debido a la exposición a sustancias nocivas presentes en estos productos ilícitos. ¿Y quién sufre las consecuencias? Exactamente: el consumidor. Si en Brasil se tomara en serio a los activistas pro-THR y la evidencia científica, el país seguiría el camino de países desarrollados como Suecia e incluso su propio vecino latinoamericano, Chile. Las estadísticas son innegables: más allá de ser... 95% es menos dañino que fumar, El vapeo regulado y con control de calidad es la herramienta más eficaz para ayudar a los fumadores a dejar de fumar. Ignorar estos hechos solo perpetúa el daño y fortalece el mercado ilegal.
¿Qué podemos aprender del Reino Unido y Suecia?
Si dos países pueden enseñar lecciones valiosas sobre reducción de daños, son el Reino Unido y Suecia.
En el Reino Unido, vapear es parte oficial de la estrategia de salud pública para reducir el tabaquismo. El Servicio Nacional de Salud (NHS) recomienda los cigarrillos electrónicos como herramienta para dejar de fumar. ¿El resultado? Las tasas de tabaquismo han disminuido drásticamente y los vapeadores se venden ampliamente, con campañas educativas que garantizan que los consumidores sepan exactamente lo que compran.
En Suecia, por otro lado, muchos exfumadores consumen snus (un producto de tabaco sin humo) y bolsitas de nicotina, además del vapeo. Como resultado, Suecia está a punto de convertirse en el primer país del mundo con menos del 51% de su población fumando.—un hito que muchos llaman “libre de humo”. Esto demuestra que cuando los gobiernos adoptan un enfoque pragmático, se salvan vidas.
Mientras tanto, en Brasil, el gobierno sigue insistiendo en la prohibición, dejando a millones de personas a merced del mercado clandestino. Otros países de Latinoamérica están aprendiendo de los buenos ejemplos que mencioné anteriormente, pero ¿por qué Brasil insiste en una legislación que fracasa rotundamente? La buena noticia es que el Congreso Nacional ya está debatiendo la regulación del sector. Pero el tiempo se agota y necesitamos una solución basada en la evidencia, no en el miedo ni la desinformación.
Según Miguel Okumura, presidente de THR Brasil —una asociación de consumidores que aboga por la reducción de daños en el consumo de tabaco—, la única solución es una regulación responsable que proteja la salud pública sin descuidar los derechos de los consumidores adultos. “En la situación actual, el peor escenario posible se ha hecho realidad. Quienes desean dejar de fumar con una alternativa menos dañina solo tienen una opción: recurrir al mercado ilegal. Estamos hablando de miles de personas que consumen productos sin control sanitario, sin saber qué están usando realmente”, advierte Okumura.
Conclusión
Lo que ocurrió en Chile es un recordatorio esencial de que regular no significa incentivar el consumo: significa proteger la elección y la salud del consumidor, combatir el mercado ilegal y garantizar opciones más seguras para quienes ya fuman.
El Reino Unido y Suecia están demostrando al mundo que la reducción de daños funciona. Es hora de que Brasil deje de fingir que la prohibición lo resuelve todo y adopte un enfoque más inteligente y basado en la ciencia. El Congreso tiene la oportunidad de corregir este error histórico. La pregunta sigue siendo: ¿seguiremos ignorando la realidad o finalmente tomaremos el camino correcto?